Moverse gasta menos energía si se entrenó de joven, según un estudio en aves
Un experimento con 12 pintadas sugiere que cargar peso durante el crecimiento abarata el coste energético de caminar de adulto. No se ha probado en personas.

Caminar o subir escaleras cuesta más esfuerzo a unas personas que a otras, y parte de esa diferencia podría venir de lo activos que fuimos de pequeños. Esa es la hipótesis que plantea un experimento con aves dirigido por la Universidad Estatal de Pensilvania (Penn State) y publicado en Proceedings of the Royal Society B, del que informa ScienceDaily. Conviene decirlo desde el principio: el estudio se hizo con 12 pintadas, no con personas.
Qué hicieron exactamente
Los investigadores trabajaron con pintadas, unas aves emparentadas con las gallinas que caminan sobre dos patas, como nosotros. Siguieron a los animales desde las dos semanas de vida hasta las 16, cuando ya se acercaban a su tamaño adulto.
A la mitad de los animales les colocaron una banda de plomo en una pata, con un peso equivalente al 4% de su peso corporal. Los otros seis crecieron sin carga añadida. Por lo demás, todos vivieron en las mismas condiciones y siguieron la misma rutina de ejercicio. A partir de la novena semana se les entrenó para caminar en una cinta.
Al llegar a las 16 semanas midieron el gasto energético con una cámara metabólica acoplada a la cinta, un sistema que registra el oxígeno consumido y el dióxido de carbono y el vapor de agua expulsados. Los autores lo describen como el método de referencia para calcular cuánta energía gasta un animal en una actividad concreta. Cada ave se evaluó en tres situaciones: de pie, caminando sin peso y caminando con la banda puesta.
Qué observaron
Quietas, las aves de los dos grupos gastaban lo mismo. La diferencia apareció al caminar. Las que habían crecido sin carga necesitaron un 23% más de energía cuando se les añadió el peso, comparado con caminar sin él.
Las que habían crecido con la banda apenas acusaron la carga: caminar con el peso les supuso un gasto ligeramente menor que caminar sin él, un resultado que los propios investigadores describen como inesperado. Y, al comparar los dos grupos, las aves acostumbradas al peso gastaban caminando con la banda lo mismo que las aves normales caminando sin nada.
Según Jonas Rubenson, catedrático de Kinesiología en Penn State y autor sénior del trabajo, es de los primeros estudios que apunta a que el entorno y la actividad durante el desarrollo pueden modificar cuánto esfuerzo cuesta moverse el resto de la vida. La carga sobre una extremidad durante el crecimiento, sostiene, habría abaratado el movimiento posterior.
Por qué podría importar en personas
Existe una hipótesis bastante asentada en fisiología del ejercicio: tendemos a evitar el movimiento cuando resulta costoso. Si en humanos ocurriera algo parecido a lo observado en estas aves, quien fue poco activo de niño necesitaría más energía para hacer de adulto los mismos gestos, y ese sobreesfuerzo podría desincentivar todavía más la actividad física, en una especie de círculo.
Rubenson plantea que jugar y moverse en la infancia podría, por tanto, hacer más accesible el ejercicio en la edad adulta, con todo lo que eso arrastra en salud cardiovascular y mental. Es una extrapolación suya, no un resultado del experimento. Sus comentarios sobre el descenso de actividad física infantil se refieren además a Estados Unidos.
Los límites
La prudencia aquí es obligada. Se trata de un experimento con 12 animales, un número pequeño; la especie estudiada es un ave, no un mamífero; y la intervención —una pesa en una sola pata durante el crecimiento— no equivale al ejercicio infantil. Los autores reconocen que falta por establecer si en humanos se producen adaptaciones del mismo tipo. Lo que el trabajo aporta es un posible mecanismo, no una recomendación clínica.
El estudio lo financió el Instituto Nacional de Artritis y Enfermedades Musculoesqueléticas y de la Piel, que forma parte de los NIH, los institutos nacionales de salud de Estados Unidos. Si te planteas iniciar o modificar un programa de ejercicio por un problema de salud, quien debe valorarlo es un profesional sanitario.
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Elaborado a partir de información publicada por ScienceDaily Disability · Fuente primaria: documento original
