El miedo difumina la frontera entre peligro y seguridad, según un estudio en ratones
Un trabajo preclínico publicado en Nature Neuroscience observa que los mapas cerebrales de un entorno peligroso y otro seguro se solapan en ratones.

Durante años se ha asumido que el miedo ayuda al cerebro a separar mejor lo peligroso de lo inofensivo. Un trabajo preclínico, realizado en ratones, apunta en la dirección contraria: los mapas neuronales de un entorno asociado a amenaza y de otro asociado a seguridad se parecían más entre sí, no menos. Los autores sugieren que ese solapamiento podría ser parte de una estrategia de supervivencia y no un fallo, y que entenderlo así podría cambiar la forma de abordar la ansiedad y el trastorno de estrés postraumático.
El estudio, firmado por investigadores del Douglas Research Centre de la Universidad McGill y de la Universidad de Toronto Scarborough (Canadá), se publicó en Nature Neuroscience y lo difundió la propia universidad a través de MedicalXpress.
Qué hicieron
Los investigadores montaron una arena de realidad aumentada que les permitía "teletransportar" a los animales entre dos escenarios: uno que habían aprendido a asociar con una amenaza y otro con seguridad. El cambio se conseguía modificando lo que el animal veía y oía, sin moverlo de sitio. Mientras tanto, con microscopios en miniatura registraban en tiempo real la actividad de cientos de neuronas del hipocampo, la región implicada en la memoria y en situar los recuerdos en un contexto.
Ese diseño les dio algo que el condicionamiento clásico del miedo no ofrece con facilidad, según explica Robert Rozeske, profesor en el Departamento de Psicología de la Universidad de Toronto y primer firmante del trabajo: ver instante a instante cómo el cerebro alterna entre dos mapas de memoria que compiten, el del peligro y el de la seguridad.
Qué observaron
En lugar de volverse más distintos con el aprendizaje del miedo, los patrones de actividad asociados a cada entorno empezaron a solaparse. Y ese solapamiento no parecía gratuito: en los experimentos se asoció a una recuperación más rápida del recuerdo de la amenaza y a una respuesta más veloz ante un posible peligro.
La interpretación de los autores es que el hipocampo ventral formaría parte de un sistema que prioriza reaccionar antes que acertar: en palabras de Rozeske, el cerebro sacrificaría precisión a cambio de velocidad cuando hay algo en juego. Mark Brandon, profesor asociado del Departamento de Psiquiatría de McGill e investigador del Douglas, autor sénior del trabajo, resume la idea de otro modo: el miedo podría emborronar la frontera entre peligro y seguridad en vez de afilarla.
Por qué interesa en ansiedad y estrés postraumático
Las personas con trastornos de ansiedad o relacionados con el trauma pueden sentir miedo intenso en situaciones objetivamente seguras, cuando algo del entorno activa un recuerdo. La lectura que proponen los autores es que eso no tendría por qué responder a un sistema de separación de recuerdos "roto", sino a un mecanismo normal de supervivencia funcionando en exceso. Si esa hipótesis se confirmara, el objetivo terapéutico no sería tanto reparar algo averiado como moderar la rapidez con la que el cerebro entra en "modo peligro".
Los límites
Conviene no ir más lejos de lo que permite el dato. Se trata de un experimento en animales, no en personas: no hay aquí ningún tratamiento, ni una técnica aplicable en consulta, ni una prueba de que lo observado en el hipocampo de un ratón describa lo que ocurre en alguien con estrés postraumático. La nota de la universidad tampoco precisa cuántos animales participaron. Lo que aporta el trabajo es una hipótesis mecanicista distinta sobre por qué el miedo generaliza, que tendrá que contrastarse en humanos antes de traducirse en cambios de tratamiento.
La valoración de cualquier síntoma de ansiedad o de estrés postraumático corresponde a un profesional sanitario.
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Elaborado a partir de información publicada por MedicalXpress Breaking · Fuente primaria: documento original
