Dos médicos defienden en Annals of Internal Medicine qué no puede delegarse a la IA
Un artículo de opinión firmado por dos internistas sostiene que la IA puede acertar diagnósticos, pero no asumir la responsabilidad de decidir con cada paciente.

La inteligencia artificial ya iguala o supera a los médicos en algunas tareas concretas, como orientar un diagnóstico a partir de casos escritos o de historias clínicas electrónicas. A partir de ahí, la pregunta que circula en los hospitales es hasta dónde llegará esa sustitución. Dos internistas responden en un artículo de opinión publicado en Annals of Internal Medicine que hay una parte del trabajo clínico que no puede transferirse a una máquina: hacerse cargo de la decisión y de lo que venga después.
El texto lo firman Andrew S. Parsons, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Virginia, y Adam Rodman, de la Facultad de Medicina de Harvard, y lo ha difundido la propia universidad a través de MedicalXpress. Conviene decir de entrada qué es: no es un estudio con pacientes ni un ensayo, sino un comentario argumentativo en una revista médica revisada por pares. No aporta datos nuevos, sino una propuesta sobre cómo repartir papeles entre los profesionales y los sistemas automáticos.
Identificar la enfermedad no es decidir qué hacer
El argumento central de los autores es que el diagnóstico tiene, en muchos casos, una respuesta correcta, mientras que el manejo del paciente no la tiene. Elegir un tratamiento, pedir o no una prueba, fijar cada cuánto se revisa a alguien: todo eso implica decidir qué riesgos asume esa persona en concreto, con su situación social, sus otras enfermedades y sus propios objetivos.
Parsons y Rodman recuerdan que las guías clínicas y los ensayos se construyen sobre las poblaciones que se estudiaron, y que muchos pacientes reales quedan fuera de esos perfiles por tener varias enfermedades a la vez, por sus circunstancias de vida o porque lo que ellos quieren no coincide con lo que el ensayo medía. En esos casos, escriben, apartarse de la respuesta técnicamente correcta suele ser buena medicina. Y alguien tiene que responder por esa desviación.
La responsabilidad como función que permanece
De ahí sale su tesis: el papel que perdura en el clínico es la rendición de cuentas, asumir el riesgo de actuar en situación de incertidumbre y responder por la decisión tomada. Para los autores, esa responsabilidad solo es real si el profesional sigue razonando sobre la decisión y tiene algo en juego en el resultado.
Lo ilustran con dos ideas. Un profesional que sabe que tendrá que dar explicaciones por el resultado sopesa las opciones de forma distinta a un sistema que no pierde nada. Y quien espera volver a ver a ese paciente también valora qué decisiones mantienen la relación en pie si las cosas salen mal. La IA, sostienen, seguirá mejorando la información que alimenta esas decisiones, pero no puede apropiarse de sus consecuencias.
Qué cambia para quien está al otro lado
El planteamiento no se opone a la tecnología: los autores animan a los médicos a incorporarla y a aprovechar su precisión creciente. Lo que delimitan es el terreno en el que un paciente debe poder seguir preguntando a una persona por qué se ha elegido una opción y no otra, sobre todo cuando su caso no encaja en el perfil estándar de las guías.
Como cualquier comentario de opinión, su alcance es limitado: describe cómo creen dos clínicos que debería organizarse el trabajo, no cómo se está organizando ya en los sistemas sanitarios, ni en Estados Unidos ni en España. Las decisiones sobre pruebas y tratamientos siguen correspondiendo al profesional que atiende cada caso.
- inteligencia artificial
- relación médico-paciente
- ética médica
- toma de decisiones
- Annals of Internal Medicine
Elaborado a partir de información publicada por MedicalXpress · Fuente primaria: documento original
