Piojos en el colegio: qué funciona y por qué no hay que excluir al niño de clase
Una pediatra explica en The Conversation cómo se detectan y tratan los piojos y por qué las sociedades científicas rechazan mandar al niño a casa.

El mensaje en el grupo de clase —“mi hijo tiene piojos”— sigue generando una mezcla de agobio y vergüenza que, según los pediatras, no tiene demasiado fundamento. Una pediatra de atención primaria especializada en infecciones e infestaciones ha publicado en The Conversation una explicación divulgativa sobre cómo se detectan y tratan los piojos de la cabeza y por qué, a su juicio y al de las principales sociedades científicas, apartar al niño del colegio no sirve de nada.
Qué son y cómo se contagian
El piojo de la cabeza (Pediculus humanus capitis) es un insecto de color gris parduzco, de unos 2 a 3 milímetros, parecido en tamaño a una semilla de sésamo. Vive exclusivamente sobre las personas y se alimenta de sangre picando el cuero cabelludo. Las hembras pegan los huevos —las liendres— al pelo muy cerca de la raíz, con una sustancia adhesiva que los fija al tallo, y esos huevos tardan entre 8 y 9 días en eclosionar.
Los piojos no saltan ni vuelan. El contagio habitual es el contacto directo cabeza con cabeza: niños sentados muy juntos, durmiendo la siesta al lado o jugando pegados. Compartir gorros o cepillos también puede transmitirlos, aunque es una vía mucho menos frecuente porque los piojos sobreviven poco tiempo fuera de la cabeza. La autora subraya dos ideas que contradicen creencias muy extendidas: tener piojos no indica falta de higiene, y no hay evidencia de que ningún tipo de pelo sea resistente.
Por qué el picor llega tarde
El síntoma que más suele alertar es que el niño se rasque la cabeza con frecuencia. Ese picor es una reacción de sensibilización a la saliva del piojo, y en quien nunca los ha tenido puede tardar entre cuatro y seis semanas en aparecer. Es decir: cuando se descubre la infestación, probablemente lleve varias semanas instalada.
La confirmación requiere mirar de cerca el cuero cabelludo, sobre todo detrás de las orejas y en la nuca. Los piojos vivos se mueven rápido y huyen de la luz, así que a menudo es más fácil localizar los huevos, que están firmemente adheridos al pelo y no se desprenden como la caspa.
Qué tratamientos se usan
El texto repasa las opciones aprobadas en Estados Unidos, por lo que conviene tener en cuenta que las presentaciones y las condiciones de dispensación en España no son idénticas. Entre los productos de primera línea cita la permetrina al 1%, en loción o crema de aclarado, que elimina los piojos vivos pero no los huevos y por eso requiere una segunda aplicación a los nueve o diez días; las piretrinas con butóxido de piperonilo, con la misma pauta de repetición; y la ivermectina tópica al 0,5%, que además de los adultos sigue matando a los que eclosionan después, por lo que suele bastar una aplicación.
Tras el tratamiento, la autora insiste en el peinado con lendrera, un peine de púas muy finas, ayudándose de un acondicionador cremoso para ver mejor los piojos. Ningún producto es eficaz al cien por cien, y ese peinado retira huevos que de otro modo eclosionarían. Retirar las liendres ya vacías no es necesario desde el punto de vista médico, aunque puede reducir la incomodidad del niño.
Cuando los tratamientos de venta libre fallan —por errores de aplicación, por reexposición o por resistencia de los piojos—, existen alternativas que en Estados Unidos requieren receta, como el malatión al 0,5%, muy inflamable y por tanto incompatible con el secador, o la espinosad al 0,9%. La ivermectina oral está autorizada en adultos, no en niños. Sobre los remedios caseros, el artículo es tajante: mayonesa, aceites, soluciones salinas, aire caliente o peines eléctricos no han demostrado eficacia. La opción sin insecticida más citada es la retirada manual junto con lociones de dimeticona, aunque la investigación sobre su eficacia es limitada. La elección del producto y su conveniencia en cada niño corresponde valorarla al pediatra o al farmacéutico.
La casa y el colegio
Los piojos no sobreviven más de 48 horas fuera de la cabeza. La recomendación es lavar con agua caliente y secar a temperatura alta la ropa, la ropa de cama, los gorros y los juguetes que hayan estado en contacto con la cabeza del niño en los dos días previos, aspirar sofás y alfombras, y guardar en bolsas cerradas durante dos semanas lo que no pueda lavarse.
El punto más polémico es el escolar. Desde los años ochenta, muchos colegios estadounidenses aplicaron políticas de “cero liendres” que excluían de clase a cualquier niño con huevos en el pelo. La Academia Americana de Pediatría y los CDC, la agencia federal de salud pública de Estados Unidos, rechazan esas políticas por innecesarias e ineficaces, y porque alimentan el estigma. Las guías actuales plantean que el centro avise a la familia y que el niño siga asistiendo mientras se trata, evitando el contacto directo de cabezas y no compartiendo gorros, bufandas o cepillos. Revisar el pelo después del tratamiento tampoco aporta gran cosa: las liendres vacías pueden permanecer adheridas durante semanas o meses sin que haya ya un solo piojo vivo.
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Elaborado a partir de información publicada por The Conversation Health · Fuente primaria: documento original
