La sensibilización alimentaria pasa del 25% al 40% entre el año y los 5 años
Un estudio con 500 parejas madre-hijo del cohorte canadiense CHILD describe cómo cambian los anticuerpos IgE en los primeros cinco años de vida.

Que un niño dé positivo en una prueba de alergia no significa que tenga una alergia alimentaria. Un estudio publicado en la revista Allergy ha seguido a 500 parejas de madre e hijo del cohorte canadiense CHILD para describir cómo aparecen, se mantienen o desaparecen esos anticuerpos durante los primeros cinco años de vida. El trabajo mide sensibilización, no alergia confirmada, y los propios autores insisten en esa diferencia.
Qué se midió y en quién
Se trata de un estudio observacional sobre muestras de sangre ya recogidas en una cohorte de nacimiento: de las madres durante el embarazo y de los niños al año y a los cinco años. Se analizaron alrededor de 300 extractos y componentes alergénicos distintos, es decir, no solo "cacahuete" en bloque, sino las proteínas concretas que el sistema inmunitario reconoce dentro de cada alimento. El trabajo contó con la participación del Departamento de Pediatría y Medicina del Adolescente del Hospital Universitario de St. Pölten, centro docente de la Universidad Karl Landsteiner de Ciencias de la Salud, en Austria, junto a universidades y centros pediátricos canadienses.
La sensibilización se define por la presencia de IgE específica, un tipo de anticuerpo que el organismo produce frente a una sustancia determinada. Puede detectarse en sangre sin que el niño tenga ningún síntoma al comer ese alimento. Por eso un resultado positivo, por sí solo, no basta para diagnosticar una alergia.
Los resultados
Al año de vida, el 25,3% de los niños presentaba algún tipo de sensibilización IgE. A los cinco años, la cifra había subido al 40,4%. Pero no solo cambió la proporción: también cambiaron los alérgenos implicados.
- Al año predominaban el huevo y el cacahuete entre los alimentos.
- A los cinco años, el cacahuete y los frutos secos de árbol.
- Aumentó también la sensibilización a alérgenos ambientales: gato, perro, ácaros del polvo y polen de gramíneas.
El patrón del cacahuete y el de los frutos secos resultó distinto. Alrededor de la mitad de los niños sensibilizados a los componentes principales del cacahuete ya lo estaban a los doce meses y seguían estándolo a los cinco años. En cambio, los componentes relevantes del anacardo, la avellana, la nuez y el pistacho solían reconocerse más tarde.
La sensibilización tampoco fue siempre permanente: en torno a uno de cada cuatro niños perdió, a lo largo de esos cuatro años, la sensibilización a ciertas albúminas 2S, un grupo de proteínas presentes en el cacahuete, los frutos secos y el sésamo que se usan como marcadores de las alergias alimentarias con riesgo de reacción generalizada.
Por qué importa el momento
Según Thomas Eiwegger, responsable del servicio de pediatría del hospital de St. Pölten, en los niños pequeños una prueba positiva no es el final de la historia: lo relevante es saber si esa sensibilización persiste, desaparece o aparece más tarde, y mirar los componentes individuales del alérgeno aporta información útil para hablar de riesgos y opciones con las familias.
Ese matiz gana peso porque la inmunoterapia oral —la administración de dosis controladas y crecientes del alimento bajo supervisión médica— ya figura en las guías de tratamiento y, de acuerdo con los autores, parece funcionar mejor cuando se inicia pronto. Distinguir una sensibilización nueva de una persistente o de una que se está perdiendo puede cambiar la conversación entre el pediatra y la familia.
Los límites
El propio trabajo señala la limitación principal: no se hicieron pruebas de provocación oral controlada, el procedimiento que confirma si existe realmente una alergia clínica. Todo lo que describe el estudio son anticuerpos en sangre. Los autores advierten expresamente de que el dato de uno de cada cuatro no significa que una cuarta parte de los niños supere una alergia alimentaria ya establecida.
Hay otro matiz importante para el lector español: la cohorte es canadiense, y los patrones de exposición y de dieta no son necesariamente los de aquí. Cualquier prueba de alergia, y sobre todo su interpretación, corresponde valorarla a un profesional sanitario.
Fuente: MedicalXpress, a partir del artículo de Kodydek y colaboradores publicado en Allergy (2026).
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Elaborado a partir de información publicada por MedicalXpress · Fuente primaria: documento original
