Unos autoanticuerpos contra la reparación del ADN se asocian al cáncer infantil
Un equipo noruego describe anticuerpos dirigidos contra las propias proteínas que reparan el ADN en niños con cáncer. Es una hipótesis preliminar, aún sin uso clínico.

Un equipo de investigación de Noruega ha descrito un posible mecanismo nuevo en el desarrollo del cáncer infantil: los niños con estos tumores presentaban en sangre una cantidad inusual de anticuerpos dirigidos contra sus propias proteínas de reparación del ADN, es decir, contra la maquinaria que detecta y corrige los errores del genoma. El trabajo se publica en Frontiers in Immunology y lo ha difundido el portal especializado MedicalXpress. Conviene decirlo desde el principio: es un hallazgo exploratorio, con muestras pequeñas, y no se traduce todavía en ninguna prueba ni tratamiento disponible.
Qué se analizó y en cuántas personas
Los autores, coordinados por Ola Myklebost, catedrático emérito de oncología molecular de la Universidad de Bergen, estudiaron el conjunto de proteínas presentes en muestras de tumor y de sangre de 175 adultos y niños con sarcoma o leucemia linfoblástica aguda, recogidas entre 2014 y 2017 en biobancos noruegos de cáncer infantil y de sarcoma. Las compararon con muestras de personas sanas: donantes de sangre y niños participantes en un estudio de crecimiento en Bergen.
El resultado principal es que los menores de entre 2 y 19 años con cáncer tenían en sangre muchos más anticuerpos de clase IgG contra proteínas de reparación del ADN que los adultos jóvenes y las personas mayores analizadas. Esos autoanticuerpos —anticuerpos que el organismo fabrica contra sus propias moléculas— se dirigían sobre todo contra seis proteínas implicadas en la reparación del genoma, entre ellas RAD52, UNG y MGMT, genes que en estos tumores no aparecían mutados de forma significativa.
El dato más llamativo procede de una muestra muy pequeña
Para saber si esos anticuerpos podían preceder al tumor, el equipo recurrió a muestras de 59 niños en edad escolar incluidos en dos grandes cohortes británicas de seguimiento a largo plazo, Avon Longitudinal Study of Parents and Children y Born in Bradford. La mitad desarrolló un cáncer años después, antes de los 30; la otra mitad, no. Según Myklebost, los que enfermaron más adelante —de media seis años después de la extracción de sangre— tenían alrededor de ocho veces más probabilidad de presentar anticuerpos contra al menos una de esas proteínas. El propio investigador reconoce que la cohorte es pequeña, y lo justifica diciendo que era la mejor que pudieron encontrar a nivel internacional.
Con 59 participantes, una diferencia así necesita confirmación en grupos mucho mayores antes de poder interpretarse como un factor de riesgo.
Qué hipótesis plantean los autores
En experimentos posteriores en cultivos celulares, el equipo observó que estos autoanticuerpos pueden entrar en las células, sobre todo en la fase previa a la división celular, y unirse a las proteínas diana, lo que probablemente frene su actividad. Si esa reparación queda debilitada, el daño en el ADN se acumularía más fácilmente. Los autores describen el conjunto como un mecanismo plausible, no como una relación demostrada.
Los cánceres infantiles —leucemias, neuroblastoma, osteosarcoma, mieloma— se diferencian de los de adultos en su origen, su localización y su respuesta al tratamiento. Los niños han tenido menos tiempo para acumular daño genético por la edad o la exposición ambiental, y sus tumores suelen presentar menos mutaciones, lo que deja abierta la pregunta de qué los origina. De ahí el interés de una vía que no dependa de mutaciones heredadas.
Sobre qué provocaría la aparición de esos anticuerpos, Myklebost solo plantea conjeturas: infecciones que generen reacciones cruzadas con proteínas microbianas, una estimulación inmunitaria excesiva o algún desequilibrio en la tolerancia inmunitaria.
Qué falta por delante
El grupo trabaja ahora en comprobar en cultivos celulares si los anticuerpos de los pacientes afectan realmente a la reparación de mutaciones inducidas, y aspira a probar en ratones si pueden provocar cáncer. Es decir, la demostración del mecanismo está en una fase muy temprana.
Los autores apuntan a un posible cribado futuro en la infancia, pero esa posibilidad es hoy una expectativa de los investigadores, no una herramienta validada. Cualquier duda sobre riesgo oncológico en un niño corresponde valorarla a su pediatra o a la unidad de oncología infantil correspondiente. Otros frentes de la oncología sí están más avanzados, como los ensayos con células CAR-T en linfomas resistentes, aunque también en fases iniciales.
- cáncer infantil
- investigación
- inmunología
- ADN
- oncología
- Noruega
Elaborado a partir de información publicada por MedicalXpress Breaking · Fuente primaria: documento original
