Compararse en redes se asoció a más ansiedad en adolescentes que el tiempo de uso
Un estudio con 4.011 adolescentes noruegos de 14 años encontró vínculos más fuertes con la comparación social que con pasar el rato en redes.

Lo que un adolescente hace en redes sociales podría pesar más que las horas que les dedica. Un estudio con 4.011 adolescentes noruegos de 14 años de media, realizado por investigadores del Instituto Karolinska (Suecia) junto al Instituto Noruego de Salud Pública, encontró que compararse con los demás se asociaba de forma más intensa a síntomas de ansiedad y depresión que usar las redes para matar el tiempo. El trabajo se ha publicado en la revista Child and Adolescent Psychiatry and Mental Health y lo ha difundido el portal MedicalXpress.
Qué midieron y cómo
Se trata de un estudio transversal, es decir, una fotografía en un momento concreto: los chicos respondieron un cuestionario en otoño de 2025 en 21 centros escolares del sudeste de Noruega. Todo se midió a la vez, el uso de redes y los síntomas, lo que impide saber qué vino antes.
Los investigadores no se quedaron en la pregunta habitual de cuántas horas pasa cada uno conectado. Distinguieron cinco aspectos del uso:
- compararse con otros,
- pasar el rato cuando uno se aburre,
- buscar apoyo,
- recibir hostilidad de otros, por ejemplo burlas,
- ejercer hostilidad hacia otros.
En paralelo, los adolescentes contestaron cuestionarios sobre síntomas de depresión, ansiedad generalizada, ansiedad social, TDAH y trastorno negativista desafiante. Los autores subrayan que esas escalas miden síntomas declarados por el propio adolescente y no sirven para establecer diagnósticos.
El resultado principal
Pasar el rato por aburrimiento fue el motivo más frecuente para usar las redes, y sin embargo mostró asociaciones débiles con los síntomas analizados. La comparación social también era habitual, pero su vínculo era bastante más fuerte, sobre todo con la ansiedad, la ansiedad social y la depresión. Recibir hostilidad —que se burlen de uno— también se asoció a síntomas, aunque con menos intensidad que la comparación. El patrón general fue parecido en chicas y en chicos.
Los análisis tuvieron en cuenta la edad y el tiempo total dedicado a las redes, de modo que las diferencias entre los cinco aspectos no se explican simplemente porque unos adolescentes estén más conectados que otros.
Para Jonas Raninen, profesor asociado del Departamento de Neurociencia Clínica del Karolinska, el hallazgo apunta a que conviene separar maneras distintas de usar las redes. Según explica, el hecho de que lo más común —pasar el rato— apenas se asocie a síntomas podría ayudar a entender por qué los estudios centrados solo en el tiempo total de uso no han encontrado asociaciones claras.
Qué añade y qué no permite concluir
Hasta ahora, buena parte de la investigación sobre redes y salud mental adolescente se había apoyado en el tiempo de pantalla como única medida. Este trabajo sugiere que esa variable puede estar mezclando usos muy distintos entre sí.
Los límites son importantes y los propios autores los señalan. Al medirlo todo a la vez, no se puede afirmar causalidad: es igual de compatible con los datos que los síntomas depresivos lleven a compararse más con los demás, o que la relación funcione en ambas direcciones. Además, los datos son autodeclarados y proceden de una sola región de Noruega, lo que limita hasta qué punto se pueden extrapolar a otros países, incluida España.
Las explicaciones que los investigadores plantean —que la comparación alimente pensamientos negativos recurrentes sobre uno mismo y la sensación de carecer de lo que otros tienen, y que la hostilidad erosione la confianza en los iguales— son hipótesis pendientes de comprobar.
Geir Scott Brunborg, primer firmante del trabajo, señala que el siguiente paso es seguir a estos mismos adolescentes a lo largo del tiempo para ver qué aparece primero; la nueva recogida de datos ya está en marcha. Mientras tanto, los autores sugieren que familias, profesorado y profesionales sanitarios presten atención no solo a cuánto tiempo pasan los chicos en redes, sino también a qué les ocurre allí. Cualquier preocupación concreta sobre el estado de ánimo o la ansiedad de un adolescente corresponde valorarla a un profesional.
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Elaborado a partir de información publicada por MedicalXpress · Fuente primaria: documento original
