Con quién hablan en línea importa más que cuánto, según un estudio sueco
Un estudio con 3.034 adolescentes suecos de 15 años asoció hablar mucho con amigos cercanos a mejor bienestar, y con amistades solo virtuales a peor.

Hablar por el móvil con los amigos no tiene el mismo efecto según quién esté al otro lado. Es la idea central de un estudio publicado en la revista Child and Adolescent Mental Health y difundido por la editorial Wiley, que analizó las respuestas de 3.034 adolescentes suecos de 15 años y encontró que la relación entre la comunicación en línea y el bienestar mental cambiaba según el tipo de amistad.
El trabajo, recogido por MedicalXpress, es observacional: describe asociaciones en un momento dado, no relaciones de causa y efecto. Es decir, no permite saber si comunicarse de una forma concreta empeora el estado de ánimo o si son los adolescentes que ya se sienten peor quienes se relacionan de esa manera.
Qué midió el estudio
Los investigadores, encabezados por la profesora asociada Viviane S. Straatmann, del Departamento de Ciencias de la Salud Pública de la Universidad de Estocolmo, utilizaron datos de la encuesta sueca Health Behaviour in School-aged Children, un estudio internacional sobre conductas de salud en escolares que se repite cada cuatro años. Combinaron dos oleadas, las de 2017/2018 y 2021/2022, en lo que se denomina un diseño transversal agrupado: se juntan varias fotografías tomadas en momentos distintos para ganar tamaño de muestra.
El análisis distinguía con quién se comunicaban los chavales —amigos cercanos, grupos más amplios o personas conocidas únicamente por internet— y con qué frecuencia lo hacían, desde el uso esporádico hasta la comunicación intensa a lo largo del día.
Los resultados, por tipo de amistad
- La comunicación intensa con amigos cercanos y con grupos amplios se asoció a un mejor bienestar mental.
- La comunicación moderada o intensa con amistades exclusivamente virtuales, personas con las que no hay trato fuera de la pantalla, se asoció a un bienestar peor.
- Esa asociación negativa fue más marcada entre las chicas y entre los adolescentes que percibían a su familia como menos acomodada.
Straatmann resume así la lectura de los autores: en medio de la preocupación por la vida digital de los jóvenes, sus datos apuntan a que no cuenta solo cuánto se comunican en línea, sino también con quién. Por eso, añade, conviene tener en cuenta el contexto social de esas interacciones cuando se discute qué implican para el bienestar adolescente.
Qué añade a lo que ya se sabía
Buena parte del debate público sobre adolescentes y pantallas se ha centrado en el número de horas. La investigación de los últimos años viene matizando ese enfoque: el tipo de uso parece pesar tanto o más que la cantidad. En esa línea apuntan también trabajos sobre la comparación social en redes y la ansiedad adolescente, donde lo asociado al malestar no era el tiempo conectado sino la forma de mirar a los demás.
El estudio sueco encaja en esa idea y aporta un matiz adicional: mantener conversación frecuente con los amigos de siempre a través del móvil no apareció como un factor de riesgo, sino todo lo contrario. Lo que se asoció a peor bienestar fue sustituir ese círculo por vínculos que solo existen en la pantalla.
Los límites
Conviene no estirar las conclusiones. Los datos proceden de adolescentes suecos de una sola edad, 15 años, y de un país con un contexto escolar y social propio, así que no se trasladan de forma automática a España. Además, tanto el uso de internet como el bienestar se midieron mediante cuestionarios autoinformados, con lo que eso implica de memoria y percepción propia.
Los autores no proponen ninguna recomendación concreta para familias ni ponen cifras de uso seguro. Cuando un adolescente muestra señales persistentes de malestar, la valoración corresponde a un profesional sanitario o al equipo de orientación del centro educativo.
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Elaborado a partir de información publicada por MedicalXpress · Fuente primaria: documento original
