La albúmina alimenta la inflamación en la candidiasis vaginal recurrente
Un trabajo publicado en Nature Communications describe cómo una proteína de la sangre aviva la inflamación y, a la vez, protege al hongo Candida albicans.

El picor, el escozor y el dolor de una candidiasis vaginal no los provoca solo el hongo: buena parte de las molestias vienen de la respuesta inmunitaria que se desencadena contra él. Un equipo internacional coordinado por el Leibniz-HKI, el instituto alemán de investigación en productos naturales y biología de la infección, describe ahora en Nature Communications un mecanismo que podría explicar por qué esa inflamación se vuelve tan intensa y, aun así, no consigue eliminar al hongo.
Una proteína que se cuela en el tejido inflamado
La protagonista es la albúmina, la proteína más abundante de la sangre. Cuando hay inflamación, los vasos sanguíneos se vuelven más permeables y dejan pasar al tejido no solo células de defensa, sino también albúmina. El mismo grupo, dirigido por Mark Gresnigt, ya había observado en un trabajo anterior que esta proteína puede potenciar las propiedades dañinas de Candida albicans, un hongo que vive de forma habitual e inofensiva en las mucosas de muchas personas y que solo en determinadas condiciones causa infección.
En muestras vaginales de mujeres con infecciones por hongos repetidas, los investigadores encontraron concentraciones de albúmina más altas que en mujeres sanas. Cuanta más albúmina había, mayores tendían a ser también los niveles de distintos mediadores de la inflamación. Según el instituto, esa asociación se repitió en un segundo grupo de pacientes más numeroso y en un modelo en ratones. La nota de prensa no detalla cuántas participantes incluyó cada grupo, un dato que conviene tener en cuenta al valorar el alcance del hallazgo.
Dos mecanismos que tiran en direcciones opuestas
El equipo describe dos vías por las que la albúmina amplificaría la inflamación. Por un lado, estimula al hongo a producir ciertos factores, entre ellos la enzima Sap1. En los macrófagos —las células inmunitarias que patrullan los tejidos y dan la voz de alarma ante un patógeno—, esa enzima activa el llamado inflamasoma NLRP3, una especie de sistema de alerta molecular. Su activación libera interleucina-1β, una señal fuertemente proinflamatoria que atrae a más células inmunitarias al lugar.
Por otro lado, y de forma aparentemente contradictoria, la albúmina escuda al hongo frente a una de las armas principales de esas células: las especies reactivas de oxígeno, moléculas agresivas con las que macrófagos y neutrófilos destruyen microorganismos. La proteína puede neutralizar en parte esos compuestos y, además, ayuda al hongo a resistirlos mejor.
En experimentos con cultivos celulares, en presencia de albúmina sobrevivieron bastantes más células fúngicas dentro de los macrófagos que las atacaban. Los neutrófilos se activaban más, pero frenaban peor el crecimiento del hongo. Según Axel Dietschmann, uno de los autores, lo llamativo es precisamente esa paradoja: la albúmina hace que el sistema inmunitario grite más fuerte y, al mismo tiempo, debilita su capacidad de combatir.
Un posible círculo vicioso
Con esas piezas, los autores dibujan un bucle: la infección provoca inflamación, la inflamación deja pasar más albúmina al tejido, la albúmina protege al hongo y lo empuja a emitir más señales de alarma, y esas señales atraen a más células inmunitarias que no logran eliminarlo y sí aumentan la inflamación y las molestias.
La autora principal, Sophie Austermeier, subraya que la candidiasis vulvovaginal no se explica por un único factor, pero que entender el papel de la albúmina podría ayudar a comprender por qué en algunas pacientes la inflamación es tan intensa sin que eso sirva para erradicar el hongo. El equipo insiste además en que la albúmina no es perjudicial en sí misma: su efecto depende del entorno y, en otros contextos, protege los tejidos.
Qué significa y qué no
Se trata de investigación de mecanismo, combinando muestras de pacientes, un modelo animal y cultivos celulares. No hay por ahora ningún tratamiento derivado de estos resultados, y los propios autores reconocen que sigue abierto cómo intervenir sobre este juego entre hongo y sistema inmunitario sin debilitar la defensa que sí hace falta. El diagnóstico y el tratamiento de una infección vaginal recurrente corresponden a un profesional sanitario. Como en otras infecciones donde los antibióticos fallan, el interés del trabajo está en explicar por qué la respuesta del cuerpo no basta.
La información fue difundida por el Leibniz-HKI y recogida por MedicalXpress.
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Elaborado a partir de información publicada por MedicalXpress Breaking · Fuente primaria: documento original
