Una proteína mitocondrial cambia el destino de la grasa en células y ratones
Investigadores del Instituto Weizmann describen MTCH2, una proteína que regula si las células queman o almacenan grasa. Los resultados son en células y animales.

Un equipo del Instituto Weizmann de Ciencia (Israel) ha descrito el papel de una proteína llamada MTCH2, apodada "Mitch", en la forma en que las células deciden si queman nutrientes o los guardan en forma de grasa. Los experimentos se han hecho en células humanas cultivadas en laboratorio y en ratones modificados genéticamente, no en personas. Lo recoge ScienceDaily a partir de dos artículos publicados en The EMBO Journal y en Nature Communications.
Qué observaron al eliminar la proteína
MTCH2 interviene en la fusión de las mitocondrias, las estructuras que convierten los nutrientes en la energía que la célula utiliza. Cuando los investigadores, con la doctoranda Sabita Chourasia al frente, eliminaron el gen en células humanas, la red mitocondrial quedó fragmentada y las células entraron en un estado de mayor consumo: aumentó la respiración celular y el gasto de hidratos de carbono, aminoácidos y, sobre todo, ácidos grasos.
Según describe el grupo, parte de esa grasa procedía de los propios lípidos de las membranas celulares. El investigador principal, Atan Gross, lo resume diciendo que Mitch determina el destino de la grasa dentro de la célula.
En un segundo bloque de experimentos, con una línea de células precursoras de grasa de ratón, el efecto fue llamativo: mientras que entre el 80% y el 90% de las células normales maduraban en adipocitos en seis días, solo lo hacía entre el 5% y el 10% de las que carecían de MTCH2. Los autores advierten expresamente de que este experimento se hizo en células de ratón y no demuestra que bloquear la proteína impida formar grasa nueva en humanos.
Ratones que gastaron más sin comer menos
El trabajo publicado el 3 de octubre de 2025 en Nature Communications, con participación internacional, analizó tejido graso humano y de ratón, cultivos celulares y animales modificados. Encontró un segundo mecanismo: MTCH2 interactúa con la enzima CPT1, que funciona como peaje de entrada de los ácidos grasos a la mitocondria, y modula la señal que normalmente frena ese paso.
Cuando se eliminó la proteína solo en el tejido graso de los ratones, los animales gastaron más energía sin moverse más ni comer más. Con dieta normal engordaron igual que los controles; con dieta rica en grasa ganaron menos peso y acumularon menos grasa corporal, manteniendo una masa magra comparable, y mostraron mejor tolerancia a la glucosa y menor colesterol.
Por qué interesa la masa muscular
El contexto que explica este interés es el de los fármacos actuales contra la obesidad, como semaglutida o tirzepatida, que actúan sobre el apetito. Un análisis citado por ScienceDaily, que reunió 20 ensayos clínicos y 15.782 participantes, calculó que la masa magra —músculo y otros tejidos— supuso entre el 25% y el 39% del peso perdido con varios de estos medicamentos, con proporciones parecidas en las intervenciones de estilo de vida y mejor conservación cuando se añadía entrenamiento de fuerza. De ahí la búsqueda de vías que reduzcan grasa sin castigar el músculo. En España, el acceso a estos tratamientos sigue siendo desigual, un asunto abordado al hablar de quién puede pagar los fármacos GLP-1.
Los límites, según los propios autores
Nadie ha demostrado que inhibir MTCH2 produzca una pérdida de peso segura y sostenida en personas. La proteína participa además en la regulación mitocondrial y en rutas de supervivencia celular, de modo que bloquearla en todo el organismo podría tener consecuencias no deseadas. Los investigadores recuerdan también que el tejido graso sano cumple funciones necesarias —almacenar energía, ayudar al equilibrio de la glucosa, producir hormonas— y que impedir su formación podría desviar grasa hacia órganos donde resulte dañina.
Queda por saber en qué tejidos convendría actuar, si se puede hacer con seguridad y si el músculo quedaría protegido. Por ahora, se trata de un mecanismo descrito en el laboratorio, no de un tratamiento disponible.
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Elaborado a partir de información publicada por ScienceDaily Chronic Illness · Fuente primaria: documento original
