Por qué algunos cerebros con lesiones de alzhéimer no desarrollan demencia
Un estudio holandés en tejido cerebral donado halla neuronas inmaduras en personas mayores de 80 años y diferencias en cómo responden al daño.

Hay personas que mueren con el cerebro lleno de las lesiones típicas del alzhéimer y que, sin embargo, nunca llegaron a perder la memoria. Ese fenómeno se llama resiliencia cognitiva y lleva décadas sin explicación. Un equipo del Instituto Holandés de Neurociencia, el centro de investigación cerebral de la Academia de Ciencias de los Países Bajos, aporta ahora una pista: un tipo muy escaso de células, las llamadas neuronas inmaduras, parecen comportarse de forma distinta en esos cerebros. El trabajo se ha difundido a través de ScienceDaily a partir de la nota del propio instituto.
Qué se analizó y cómo
Se trata de un estudio sobre tejido cerebral humano donado procedente del Banco de Cerebros de los Países Bajos, no de un ensayo con pacientes vivos. Los investigadores compararon tres grupos: personas sin lesiones cerebrales detectables, personas que habían desarrollado demencia por alzhéimer y personas cuyo cerebro mostraba las lesiones de la enfermedad pero que se mantuvieron lúcidas hasta el final. La edad media de los donantes superaba los 80 años.
El análisis se centró en una zona muy pequeña del centro de la memoria del cerebro, uno de los pocos lugares donde se sospecha que podrían formarse neuronas nuevas en la edad adulta. Según explica Evgenia Salta, autora principal, esas células son tan raras que hubo que desarrollar métodos nuevos para localizarlas y para analizar los datos sin apoyarse en suposiciones tomadas de estudios con animales.
Un aviso importante antes de seguir: la nota del instituto no detalla cuántos donantes se incluyeron en cada grupo, un dato que conviene tener en cuenta al valorar el alcance del hallazgo.
El resultado que no esperaban
Los investigadores encontraron neuronas inmaduras —células con aspecto de neurona aún sin terminar de desarrollarse— en los tres grupos, también en cerebros de más de 80 años. Esperaban que las personas resilientes tuvieran bastantes más de esas células, lo que encajaría con la idea de que sustituyen a las neuronas dañadas. No fue así: la diferencia en número resultó mucho menor de lo previsto.
La diferencia estaba en otra parte. Al mirar la actividad de esas células, en los cerebros resilientes aparecían activados programas biológicos asociados a la supervivencia y a la protección frente al daño, y señales más bajas relacionadas con la inflamación y con la muerte celular. La inflamación forma parte de la defensa normal del organismo, pero cuando se vuelve persistente en el cerebro puede dañar tejido e interferir en la comunicación entre neuronas.
De ahí sale la hipótesis de los autores: puede que estas células no sirvan tanto para reemplazar neuronas perdidas como para sostener el entorno de las que siguen vivas. Salta lo comparó con un abono en un jardín que ha empezado a deteriorarse.
Qué no demuestra este trabajo
La propia autora marca los límites con claridad. Las conclusiones sobre la función protectora de estas células se basan en patrones observados en tejido, no en experimentos que demuestren esa función. Encontrar neuronas inmaduras tampoco prueba que el cerebro adulto siga fabricando neuronas nuevas de forma continua —un debate abierto desde hace décadas— ni que esas células sean la causa de que alguien no desarrolle demencia.
"Esta es una pieza de un rompecabezas muy grande", resume Salta, que descarta que vaya a existir un único factor capaz de explicar la resiliencia. El equipo quiere estudiar ahora cómo se comunican estas células con las vecinas.
El interés del enfoque está en el cambio de pregunta. Buena parte de la investigación sobre alzhéimer se ha dedicado a entender qué daña el cerebro: la acumulación de proteínas anómalas y la pérdida de neuronas. Cada vez más grupos se preguntan lo contrario, por qué algunos cerebros siguen funcionando pese a esos cambios. Es la misma línea de la que parte la hipótesis de un cerebro mayor que cambia de prioridades en lugar de limitarse a decaer.
De momento no hay de esto ninguna aplicación clínica: cualquier estrategia terapéutica derivada de este tipo de hallazgos está, según los propios autores, muy lejos. Cualquier duda sobre memoria o deterioro cognitivo corresponde valorarla a un profesional sanitario.
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Elaborado a partir de información publicada por ScienceDaily Healthy Aging · Fuente primaria: documento original
