Dos copas al día se asociaron a un riesgo de muerte prematura mayor de lo asumido
Un análisis encargado por el Gobierno de EE UU estima que beber 14 consumiciones semanales conlleva un riesgo de 1 entre 25 de morir por causas ligadas al alcohol.

Un estudio publicado en el Journal of Studies on Alcohol and Drugs, la revista de la Universidad Rutgers, pone cifras a algo que las recomendaciones oficiales suelen dejar en vago: cuánto riesgo se asocia a cada nivel de consumo de alcohol. Según sus estimaciones, lo que socialmente muchas personas llamarían «beber con moderación» —en torno a dos consumiciones diarias— se asoció a una probabilidad apreciable de muerte prematura por causas relacionadas con el alcohol.
Qué hicieron exactamente
No se trata de un ensayo clínico ni de un seguimiento de personas concretas, sino de un trabajo de modelización: los autores revisaron más de 7.200 publicaciones científicas sobre enfermedades y lesiones vinculadas al alcohol, estimaron el riesgo asociado a cada problema de salud y combinaron esas estimaciones con grandes bases de datos sanitarios de Estados Unidos. Con modelos estadísticos calcularon después cómo cambia la probabilidad de enfermar o morir de forma prematura según la cantidad que se bebe a lo largo de la vida.
El trabajo, conocido como Alcohol Intake and Health Study, fue encargado por el Gobierno federal estadounidense para alimentar la revisión de sus guías alimentarias. El equipo está liderado por Kevin Shield, de la Universidad de Toronto, que dirige un centro colaborador de la OMS y la Organización Panamericana de la Salud en adicciones y salud mental, con participación también de la Universidad de Victoria y la Universidad de Boston.
Las cifras principales
La estimación central del estudio es que quienes consumen una media de 14 bebidas alcohólicas a la semana afrontan un riesgo a lo largo de la vida de 1 entre 25 de morir por una causa atribuible al alcohol. Con hasta siete consumiciones semanales, el aumento del riesgo era pequeño para la mayoría de las enfermedades analizadas, aunque no nulo.
Conviene traducir las unidades, porque no son las mismas aquí: una «consumición estándar» estadounidense equivale a unos 14 gramos de alcohol puro, mientras que la unidad de bebida estándar que se usa habitualmente en España se sitúa en torno a los 10 gramos. Catorce consumiciones estadounidenses semanales son, por tanto, cerca de 196 gramos de alcohol a la semana.
Los autores situaron el punto a partir del cual los riesgos se vuelven más marcados por encima de una consumición diaria, y señalan que ese umbral aparecía tanto en hombres como en mujeres.
El supuesto efecto protector no apareció
Uno de los puntos que más discusión abre es que el análisis no encontró un beneficio neto para la salud en ningún nivel de consumo. Shield explica que, en cantidades bajas, el alcohol puede asociarse a menor riesgo de cardiopatía isquémica y de ictus, pero que al mirar el conjunto de desenlaces —cánceres de esófago, boca o mama, enfermedad hepática, lesiones y otras enfermedades crónicas— esa posible ventaja quedaba compensada por los riesgos ya desde las siete consumiciones semanales. Es un matiz importante: no dice que el alcohol provoque daño en todos los órganos por igual, sino que el balance global no sale a favor.
Límites de lo que se puede concluir
Los propios autores insisten en que sus números describen poblaciones, no personas. Un riesgo de 1 entre 25 es un promedio estadístico; el estilo de vida, la genética, el patrón de consumo —no es lo mismo repartir que concentrar— y otros factores individuales modifican mucho ese cálculo. Tampoco se incluyeron todas las enfermedades posiblemente ligadas al alcohol: los investigadores citan el cáncer de páncreas como un campo donde la evidencia todavía está madurando.
Hay además un contexto administrativo que el propio estudio recoge. Las guías alimentarias estadounidenses actualizadas se limitan a pedir «limitar las bebidas alcohólicas», sin umbral numérico, frente a versiones anteriores que hablaban de un máximo de dos consumiciones diarias en hombres y una en mujeres. En un editorial que acompaña al artículo, Robert M. Vincent, antiguo responsable de la agencia federal estadounidense de salud mental y adicciones, sostiene que el informe fue encargado para orientar esas recomendaciones y que sus conclusiones acabaron apartadas.
La información procede de la nota de la propia revista recogida por ScienceDaily. Cualquier decisión sobre el consumo propio, especialmente si hay enfermedad hepática, medicación o antecedentes de dependencia, corresponde valorarla con un profesional sanitario.
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Elaborado a partir de información publicada por ScienceDaily Chronic Illness · Fuente primaria: documento original
